Sus cuerpos bajo aquella luz rojiza, su desnudo irreal entre la rasa niebla. Fosforescía el cuarto, altas paredes con blancos azulejos. Pensé: es un hospital, quizás la habitación de revelado de un amigo fotógrafo. Pero aquellas dos lunas gemelas en un cielo azul cobalto eran de otra galaxia, y miré el firmamento y no reconocí ninguna estrella que antes que yo miraran otros ojos humanos. Era un bárbaro rito el que cumplían ante mí aquellos cuerpos. Pude apenas saber de una desolación y una belleza que el deseo no nombra, y sentí que espiaba el fondo más secreto de mí mismo. Goce o dolor, su voz se rompía en mi pecho, aunque al oído fuera indescifrable. Mirándose a los ojos durmieron en su abrazo. Ciego ascendía un sol agonizante Y era fría su luz en el alba indecisa. Bajo aquella luz roja, en un mundo ya muerto como yo mismo vi borrarse a los amantes.
De “Espejos” 1986 - 1991 Pre-Textos, 1991 Valencia-España