El café con espejos

El café con espejos

Era un café y estábamos charlando. Un extraño café de gigantescas sillas con unos veladores diminutos. A nuestro alrededor rostros borrosos o, más exactamente, unos hombres sin rostro; y así no me extrañó todo el silencio de aquel local de espejos infinitos. No puedo recordar de qué charlaba, pero sí mi alegría y la viveza, sin duda exagerada, de mis gestos. Él me dejaba hablar, indiferente a toda la pasión que había en mis palabras. De repente me dijo con voz bronca: ¿Y tú que harás ahora que estás muerto? Al principio no supe comprenderle, tan estúpido aquello, tan falto de sentido, y volví la cabeza. En los espejos quise mirar mi rostro, pero era el de mi padre el que veía en ellos. ¿Al fin te has dado cuenta? ¿De qué?, le pregunté. De que eres un sueño, hijo mío. De “Espejos” 1986 - 1991 Pre-Textos, 1991 Valencia-España