Verte, como tras niebla, vuelto el rostro, oculta la cabeza entre las sombras, y vislumbrar el suelo ajedrezado, los hondos muros blancos, la ventana y tras ella el paisaje, una alta torre guardando la ciudad que ciñe un muro, los azules, los verdes, los dorados, tan exactos que niegan la distancia. Pisar el mármol frío y acercarme al sitial donde aguardas silenciosa. Querer cerrar los ojos y estar lejos, y sentir que mi pulso se acelera y que fallan mis piernas, y mirarte, mirarte sin embargo cuando giras tu rostro envuelto en luz que no es del mundo hacia mí que te hablo. Y comprender con estupor y asombro quiénes somos, pues reconozco al fin cuál es mi sueño, y sabiendo cumplido mi destino, y, extendidas mis alas, regresar a lo alto. De “Espejos” 1986 - 1991 Pre-Textos, 1991 Valencia-España