Del amor a las palabras queda sólo costumbre. Se hace rito el misterio y un dios inútil silencioso visita el asolado paisaje de nuestros sueños. En espejos ardiendo miramos nuestro rostro y la mano sostiene una flor que es de hielo y ceniza. Si en ese atardecer canta un pájaro ciego, ¿qué nos devolverá su canto si aguarda ya la noche para arrancar de nuestros ojos la luz última del mundo? De “Espejos” 1986 - 1991 Pre-Textos, 1991 Valencia-España