No me han visto tus ojos. Tan virgen como el agua creadora de la linfa. No me han visto. Lentamente viniendo, desde allá. En medio del cortejo de holocaustos. Con el rayo y la hiedra entre los pies.
Y mañana… Mañana… En el fuego y la dulce primavera, sabrás que voy matando a la manada, que transporto en mis brazos la semilla. Y en mí creerán tus ojos. Mañana. Sí, mañana.
De “Canciones de Mihyar el de Damasco” 1961 Versión de Pedro Martínez Montávez