°1-Daniel Berrigan

°1-Daniel Berrigan

°1: Daniel Berrigan, jesuita, pacifista y escritor, en 1968 quemó junto con otros 8 implicados, archivos de la oficina donde se reclutaba a los jóvenes soldados, en Catonsville, Maryland, como protesta ante la guerra de Vietnam. Fue juzgado y acabó en prisión. °2: 3. El texto en prosa lo escribió un alumno de Adrienne Rich perteneciente al Programa de Admisiones Abiertas, para clases desfavorecidas, del City College de Nueva York en el que ella daba clases entonces.

Versión de María Soledad Sánchez Gómez

Si has creído que este escombro es mi pasado hurgando en él para vender fragmentos entérate de que ya hace tiempo me mudé más hondo al centro de la cuestión

Si crees que puedes agarrarme, piensa otra vez: mi historia fluye en más de una dirección un delta que surge del cauce con sus cinco dedos extendidos

1987

Versión de María Soledad Sánchez Gómez

Atravesando la ciudad en una noche de invierno Dijimos que el arte y la vida son polos opuestos. Aquí nos acercamos a un amor que no conoce la lástima.

Esta anciana disciplina, severamente tierna, Renueva la creencia en el amor y sin embargo controla el sentimiento, Convirtiendo lo que soportamos en una bendición.

La forma es la ofrenda más grande que el amor puede ofrecer - La unión vital de la necesidad Con todo lo que deseamos, todo lo que sufrimos.

Un arte demasiado compasivo es apenas un arte a medias. Sólo tan altiva y comedida pureza Restaura el demasiado traicionado corazón humano.

Versión de Jaime Manrique Ardila

1 Tú, antaño una beldad en Shreveport, con cabellos teñidos de henna, la piel como un capullo de melocotón, aún te haces vestidos copiados de aquella época, y tocas un preludio de Chopin del que Cortot dijo: «Deliciosos recuerdos fluyen como perfume a través de la memoria.»

Tu mente ahora, desmoronándose como una tarta nupcial, cargada de experiencias inútiles, rica en sospechas, rumores, fantasías, rompiéndose bajo el filo del cuchillo de la realidad. En la plenitud de tu vida.

Excitada, colérica, tu hija seca las cucharas, crece de otra forma.

2 Golpeando la cafetera en el fregadero oye a los ángeles recriminándola, y mira hacia fuera más allá de los jardines rastrillados, al sucio cielo. Hace sólo una semana le dijeron: No seas paciente.

La vez siguiente fue: Sé insaciable. Luego: Sálvate a ti misma; no puedes salvar a otros. A veces deja que el agua del grifo le escalde el brazo que una cerilla arda hasta quemarle la uña del pulgar, o mantiene la mano sobre el escape de la tetera justo sobre el denso vapor. Son ángeles probablemente, ya que a ella ya nada le duele, excepto la arenilla que cada mañana se le mete en los ojos.

Una mujer que piensa duerme con monstruos. Se convierte en el pico que la agarra. Y la Naturaleza, ese arcón de tempora y mores, con tapas alabeadas, todavía útil, se atiborra con todo ello: las mohosas flores de naranjo, las píldoras femeninas, los tremendos senos de Boadicea bajo lisas cabezas de zorro y orquídeas.

A través del cristal tallado y la mayólica oigo gritar a dos atractivas mujeres, enzarzadas en una discusi6n, las dos orgullosas, agudas, sutiles, como Furias arrinconadas lejos de su presa: el discurso ad feminam, te clavo todos los viejos cuchillos que se han oxidado en mi espalda, ma semblable, ma soeur! °

° Irónicamente Rich varía el célebre apóstrofe que aparece en el poema «Au Lecteur» de Charles Baudelaire: «Hypocrite lecteur!-mon semblable, -mon frère»!

Reconociéndose demasiado bien la una en la otra: sus cualidades no sólo deleite, sino una espina, la punzada afilada contra el menor signo de desprecio… Leyendo, mientras espera que la plancha se caliente, escribiendo, My Life had stood -a Loaded Gun- ° en esa despensa de Amherst mientras las confituras hierven y se pudren, o más a menudo, con ojos férreos y pico y resuelta como un pájaro, limpiándolo todo en el trastero cotidiano de la vida.

°Poema número 754 de Emily Dickinson.

Dulce ridens, dulce loquens, se depila las piernas hasta que relucen Como colmillo de mamut petrificado.

Cuando con su laúd canta Corina °1 ni las palabras ni la música son suyas; sólo el largo pelo que le roza la mejilla, sólo la canción de seda en sus rodillas y éstas se acomodan en un parpadeo.

Suspendida, temblando e insatisfecha, frente a.una puerta abierta, esa jaula de jaulas, dinos, tú, pájaro, tú, trágica máquina- ¿es éste un fertilisante douleur? Inmovilizada por el amor, para ti el único acto natural, ¿están tus filos más preparados para penetrar los secretos de la cripta? ¿Te ha enseñado la Naturaleza sus libros de cuenta a ti, nuera, que sus hijos nunca vieron?