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Frase de Mary Wollstonecraft (1759-1797), escritora inglesa y apasionada defensora de la igualdad social y educativa para las mujeres. La cita se ha tomado de “Thoughts on the Education of Daughters”.

«Todas morís a los quince», dijo Diderot, y se convirtió en parte en leyenda y convenci6n. Sin embargo, ojos sueñan de manera imprecisa tras cerradas ventanas brumosas por el vapor. Deliciosamente, todo lo que podríamos haber sido, todo lo que fuimos -fuego, lágrimas, ingenio, gusto, ambición martirizada- agita como el recuerdo de un adulterio no consumado el exhausto y fláccido pecho de nuestra madurez.

¿No que se hagan bien las cosas, sino que se hagan siquiera? °3 Cierto, ¡piensa en la posibilidad! U olvídala para siempre. Este lujo de la criatura precoz, preciada inválida cr6nica del Tiempo- ¿renunciaríamos a él, queridas, si pudiéramos? Nuestra ruina ha sido nuestra ventaja:

el simple ingenio nos bastaba- brillo en fragmentos y borradores.

No suspiréis más, señoras. El tiempo es hombre y en sus copas brinda por la belleza. Desconcertadas por las galanterías, oímos alabar nuestras mediocridades, considerar abnegación la indolencia, elegante intuición el pensamiento desordenado, cada desliz se perdona, nuestro crimen es sólo hacer marcada sombra o romper el molde sin vacilar.

Para eso, celdas de aislamiento, gases lacrimógenos, bombardeos de dolor. Pocas son las aspirantes a tal honor.

°3 Frase misógena atribuida a Samuel Johnson: «Una mujer que predica es como un perro que camina sobre sus patas traseras: no es que lo haga bien, lo que te sorprende es que lo haga siquiera». 10. Bien, le ha llevado mucho tiempo llegar, a ella que debe ser más despiadada consigo misma que la historia. Mente al viento, la veo zambullirse desafiante, moviéndose por las corrientes, bañada por la luz Can bella, al menos, como cualquier muchacho o helicóptero, firme, acercándose todavía, sus finas hélices estremeciendo el aire pero su carga no será una promesa entonces: entregada palpable nuestra.

Versión de María Soledad Sánchez Gómez

(volviendo a casa en coche de una lectura de Robin Blaser)

La luna no es romántica. No. Es un hecho de la vida y aún no estamos acostumbrados. Pensarías, refleja las olas no las atrae. Así yo te regiría igual que he sido regida por ti. En la carretera de la Costa entre rachas de niebla

ese rostro (sí, tiene expresión) que aparece y desaparece nos habla como hizo él en su galantería y operístico misterio.

Versión de María Soledad Sánchez Gómez

Inspirado en Caroline Herschel (1750-1848), astrónoma, hermana de William, y en otras…

Una mujer con forma de monstruo un monstruo con forma de mujer abundan en los cielos

una mujer «en la nieve entre los Relojes e instrumentos o midiendo el suelo con pértigas»

capaz de descubrir a sus 98 años 8 cometas

aquella sobre quien la luna gobernó como en nosotras levita hacia el nocturno cielo surca distancias en los lentes pulidos

Galaxias de mujeres, cumpliendo ahí penitencia por impulsivas congelados nervios en aquellos espacios de la mente

Un ojo «viril, exacto y absolutamente seguro» desde las confusas telarañas de Uranusbor

encuentra la NOVA

cada impulso de luz estalla desde el centro como se descarga nuestra vida

Tycho susurra al fin «Que no parezca que he vivido en vano»

Lo que vemos, lo vemos y ver es cambiar

la luz que marchita una montaña y le permite a un hombre vivir

Los latidos del pulsar el corazón exudando por mi cuerpo

El impulso de radio que fluye desde Taurus

Estoy bombardeada aun así me yergo

Me he mantenido de pie toda la vida en medio del curso directo de una batería de señales el más fielmente transmitido el más intraducible lenguaje en el universo Soy una nube galáctea tan profunda tan intrincada que una onda de luz demoraría 15 años viajando por mí Y ha ocurrido Soy un instrumento con forma de mujer intentando traducir pulsaciones a imágenes para aliviar el cuerpo y reconstruir la mente.

1968

Versión de Myriam Díaz-Diocaretz

Las revoluciones dan vueltas, pactan, hacen declaraciones: una revista nueva aparece, viejos nombres en su cabecera, una revista antigua abrillanta su obra con deconstrucciones de la prosa de Malcolm X Las mujeres en las filas traseras de la política todavía lamen hilo para pasarlo por el ojo de la aguja, truecan huesos por plástico, rajan vainas para venderlas como collares en los cruceros hacen inmaculados vestidos de Primera Comunión con planchas y vacilante agua caliente todavía ajustan los microscópicos hilos dorados en los chips de silicio todavía dan clase, vigilan a los niños desaparecidos en las callejuelas de fuego cruzado, los barrancos de repentinas inundaciones los repentinos incendios de queroseno -mujeres cuyo trabajo reconstruye el mundo todas y cada una de la mañanas He visto a una mujer sentada entre la estufa y las estrellas sus dedos chamuscados de apagar las velas de la pura teoría Índice y pulgar: los dos quemados: he sentido esa cera sagrada levantarme ampollas en la mano

1988

Versión de María Soledad Sánchez Gómez

Camino rápidamente a través de las estrías de luz y sombra que arroja una arcada

Soy una mujer en la plenitud de la vida, con ciertos poderes y estos poderes limitados severamente por autoridades a las que pocas veces veo el rostro. Soy una mujer en la plenitud de la vida que conduce a su poeta muerto en un Rolls-Royce negro por un paisaje de crepúsculo y espinas. Una mujer con una cierta misión que la dejará intacta si se obedece al pie de la letra. Una mujer con los nervios de una pantera una mujer con contactos entre los Ángeles del Infierno una mujer que siente la grandeza de sus poderes cn el preciso momento en que no debe usarlos una mujer comprometida con la lucidez que ve, a través de la confusión, los fuegos humeantes de estas calles subterráneas a su poeta muerto aprendiendo a caminar hacia atrás, contra el viento, por el lado equivocado del espejo

Versión de María Soledad Sánchez Gómez

Tú, antaño una beldad en Shreveport, con cabellos teñidos de henna, la piel como un capullo de melocotón, aún te haces vestidos copiados de aquella época, y tocas un preludio de Chopin del que Cortot dijo: «Deliciosos recuerdos fluyen como perfume a través de la memoria.» Tu mente ahora, desmoronándose como una tarta nupcial, cargada de experiencias inútiles, rica en sospechas, rumores, fantasías, rompiéndose bajo el filo del cuchillo de la realidad. En la plenitud de tu vida.

Excitada, colérica, tu hija seca las cucharas, crece de otra forma.

He aquí un mapa de nuestro país: aquí está el Mar de la Indiferencia, barnizado de sal Este es el río maléfico que fluye de la frente a la ingle agua que no nos atrevemos a probar Este es el desierto en el que se han plantado misiles como bulbos Este es el granero de las granjas hipotecadas Este es el lugar donde nació el chico rockero Este es el cementerio de los pobres que murieron por la democracia Este es el campo de batalla de una guerra del siglo diecinueve el sepulcro es famoso: Esta es la ciudad marina de mito e historia cuando las flotas pesqueras se arruinaron aquí es donde había trabajo en el muelle congelando pescado en trozos paga por horas sin dividendos Estos son otros campos de batalla Centralia Detroit aquí están los bosques primitivos los filones de cobre de plata Estos son los suburbios del consentimiento el silencio se eleva como el humo de las calles Esta es la capital del dinero y del dolor; sus pináculos estallan en el aire caliente, sus puentes se desmoronan sus hijos van a la deriva por ciegos callejones confinados entre alambres de espinas enrollados Prometí mostrarte un mapa y dices pero esto es un mural entonces bien, déjalo estar son pequeñas diferencias la cuestión es desde dónde lo miramos

1990-91

Versión de María Soledad Sánchez Gómez

Porque ya no somos jóvenes, las semanas han de bastar por los años sin conocernos. Sólo esa extraña curva del tiempo me dice que ya no somos jóvenes. ¿Caminé yo acaso por las calles en la madrugada, a los veinte, con la piernas temblándome y los brazos en éxtasis más pleno? ¿Acaso me asomé por alguna ventana buscando la ciudad atenta al futuro, como ahora aquí, esperando tu llamada? Con el mismo ritmo tú te aproximaste a mí. Son eternos tus ojos, verde destello de hierba salvaje refrescada por la vertiente. Sí. A los veinte creíamos ser eternas. A los cuarenta y cinco deseo conocer incluso nuestros límites. Te acaricio ahora, y sé que no nacimos mañana, y que de algún modo tú y yo nos ayudaremos a vivir, y en algún lugar nos ayudaremos tú y yo a morir.

1974-76