Agua amarga de un mar cuya ribera era el párpado azul. Qué cielo ido de ese mar a otro mar, entristecido de lágrimas también y azul ojera.
Yo las amé a las dos. La una era triste y frágil y pálida de olvido. Y la otra… ¿la otra?… hubiera sido -si sido hubiese- igual a la primera.
¿Qué misterio de amor será este vano ambicionar el fruto no caído, cuando se tiene el fruto entre la mano?
Y soñar en un cielo descendido, soñándolo lejano, y tan cercano de una mar a otra mar el cielo ido.