Ella está aquí, presente en la distancia que separa su nombre de mi oído y está aquí en el espacio estremecido que hay entre mi recuerdo y su fragancia.
Ella se fue, y aún yerra por mi estancia su nombre en su perfume diluido, que por marcarle un límite al olvido se hizo nombre y perfume la distancia.
Ella está aquí, presente en el abismo de su ausencia en aroma. En el amargo acento de su nombre en mi mutismo.
Que de tan corto amor, dolor tan largo, sólo es nombre y perfume… Y sin embargo yo pude acompañarla hasta mí mismo.