Madrigales

Madrigales

III La mano que besé ayer ya libre del fino guante, leve, transida y fragante, comenzaba a florecer. Yo buscaba en su color algo que nieve no fuera, mientras abrió primavera cinco pétalos de amor. Que por verla florecer, leve, transida y fragante, yo misma libré del guante la mano que besé ayer.

VI Para el trigo de tu voz, trémula espiga en sonido, tienes el labio teñido en curva como una hoz. Yo he escuchado ese teñir gemir de amor, y he mirado tu grito en él desmayado que es igual mirar que oír, si en curva como una hoz tu rojo labio teñido siega la espiga en gemido que es el trigo de tu voz.

VII Cubre de nuevo el carmín tu boca en alba de huida y ya de pieles ceñida pones a la noche fin. Ah, que asombrada visión mirarte otra vez desnuda. Del raso que el cuerpo escuda va surgiendo la visión. La luz te sorprende al fin toda desnuda y transida, y sólo queda vestida tu boca bajo el carmín.

IX Dicen mis labios “jamás”, y “siempre” dice tu boca. Yo orgullo de enhiesta boca, tú espuma y brisa no más. Qué extraña y fugaz pasión la que soñamos eterna: curva del seno y la pierna en moldes de corazón. Mañana otro amor tendrás y hoy otro amor mi ansia invoca, pero mi nombre tu boca pintó de siempre y jamás.