Maitines

Maitines

Tu voz reza la gracia de la hora. Mi orquídea en el ojal ya está marchita. Y en tus joyas refulge la exquisita irisación lejana de la aurora.

El amplio lecho perfumado añora tu última ofrenda en la pasada cita. Cómo tu vientre a la pasión me invita: cálido huerto de enervante flora.

Místico bronce nos recuerda en vano que hay un castigo para el goce humano. Llega un rumor de música distante:

es el final sonoro de la orgía. Alba de rosa… Juventud… Oh Mía. He aquí para pecar un bello instante.