Se extasiaban tus ojos en la espera y una ola de amplia encajería tu albo cuerpo orgulloso circuía como circunda el mar una escollera.
Altanero pendón, alta bandera alzada en ti por recordar la vía, sobre el cuello y los hombros se extendía, a un viento de pasión, tu cabellera.
Desde las duras cúpulas al blando y oculto valle, la batalla entera fulgió al incendio de tu boca, cuando
tras la derrota de tu cabellera, como una lanza a un viento sin bandera, quedó tu grito entre los dos temblando.