Viento en la alcoba

Viento en la alcoba

La misma alcoba de ese amor, es ésta. Una flor seca y una copa rota. Soledad del orgullo y voz ignota del viento intruso, es todo lo que resta.

¿Y dónde, oh viento, el nombre y la floresta ceceantes al par en tu remota complicidad? Y al pregunta flota vanamente en el viento sin respuesta.

La ventana que abrí, cerrada ha tanto tiempo al viento y al nombre, parecía tener cuajado en su cristal el llanto.

Ella y su nombre. El viento y su porfía. Y sobre el libro del amor y el canto, el retrato inocente todavía.

II

Tiendo la mano hacia el misterio mudo de las cosas, y al largo movimiento palpo apenas el tránsito del viento que no vistió de aroma y va desnudo.

Ya solo el viento. Y lo que fue y no pudo sobrevivir al plácido momento. Altivo trance del renunciamiento. Y algo invádame, lóbrego y sañudo.

No es el dolor que añora en la lejana tarde del bosque el nombre descendido, al ábrego de octubre, hoja temprana.

Ni la hoja marchita, ni el sonido que hizo tal vez la hoja en la ventana Es el viento que en mí se ha detenido.