Mientras espera que la desnuden, la expresión se esfuerza en desearse a sí misma en blanco y negro,
y el ojo cuidadoso acecha hasta sorprenderla empañándose, empañada por matices de tensión, físico desamparo.
Se trata de cazar, y se trata de robo, la víctima lo consciente, sometiéndose, y el ladrón llena de facciones, visajes, su bolsa;
no supone angustias, trabajo aflictivo, incomodidad, suceso infeliz. pero es un tomar lo ajeno desde artificios que requieren ingenio en proporción directa con la propiedad, limpieza, austeridad de recursos,
y soluciones fortuitas, ocurrencias, “Improvisación creadora”, diría de su pillaje el que aquí, súbito, se decide a atacar cubriendo las lentes con tules, muselinas, y en el incomparablemente joven perfil modela por distorsiones otra carne, helada y luminosa, placidez de máscara noh, ascenso a lo andrógino. De “Obra poética IV”