De lo que va adelante y de lo que sigue atrás, de lo que dura y de lo que cae, me deshago, abandonado quedo del fuerte soplo, del suave viento, y quieto, las espaldas vueltas las manos hacia arriba, apoyo en el suelo, corazón abjurando de armas, faltas, de oraciones donde borrar las faltas, blando organismo, entidad que ignora cómo decir: “Yo soy” y en la enfermedad y la muerte, vejez y nacimiento, ya no encontrarán lugar, como no lo encontraría el tigre para meter su garra, el rinoceronte el cuerno, la espada su filo.
Antes hacía, ahora comprendo.
De “Obra poética IV”