Intenta dibujar un león y logra un perro,
cuando siente hambre cree calmarla dibujando pasteles,
si dibuja una serpiente le agrega patas,
al concentrarse en un grano de mostaza, cabeza de alfiler que crece en arbusto, dibuja una higuera, lo estéril, leño seco destinado al fuego.
De preguntársele por qué, hallaría que son confesiones, desajustes documentando sus fallas, un orden visual para simbolizarlas,
primero la imagen de su débil fuerza en las ambiciones, luego la de su vocación por lo ilusorio, luego la de su placer de deformar,
y en conjunto la imagen de su extravío, incapacidad de ofrecer frutos legítimos, tal un árbol que no los da así haya estado siempre junto al agua. De “Obra poética IV”