Casi ninguna verdad, el vacío para sentirte seguro contra la historia, apóstata por aconsejar la inconstancia, la fatiga extrema, la tempestad, aunque los hombres no las amen, por juzgarnos míseros y tener tan alta idea de ti que no quieres compartir nuestras debilidades, por ser tú mismo endeble y admirar las moscas, extrañas potencias que ganan todas las batallas, perturban el alma, y devoran el resto, por sustraerte al destino común asomándote al abismo, tu abismo, a tu izquierda, y orar con un largo grito de terror, por cerrarte a la caridad mientras velas, implacable, y exiges que en esa Agonía que durará hasta el fin del mundo nadie se duerma, por haberte ofrecido a Dios tras anunciar que en todas partes la naturaleza señala a un Dios perdido.
Casi ninguna verdad, el vacío y el morir solos debajo de un poco de tierra. Tuviste razón, qué necios son estos discursos.