Sólo los pensamientos de quien por haber cedido a la fascinación de idiotas de las familias, retratarlos sin la caridad que provoca amistades, se lo recrimina visualizándose como algún Tolstoi chino, maestro de almas, lo cuestionaría y reflejaría, contrahecho, lisiado, hombros que se levantan por encima de su cabeza, mentón en descenso hacia su ombligo, dedos de más y de menos, esforzados inclinarse de adelante atrás remedando una actitud que propicia la cavilación: “Estoy en dificultades porque tengo un cuerpo y es mísero. Cuando me falte, ¿qué dificultades podría tener?”
Pero sólo pensamientos como tantos, un irse anticipando al morir y la muerte, a la sorpresa del miedo de morir y la muerte, como los tanteos que en el pensamiento de Ivan Ilich detectaba Tolstoi. De “Obra poética IV”