El océano hablando, en espumas, gotas, disímiles instante a instante, pero una sola agua, y las lenguas de pájaros, flores, el halcón al relatar sus paseos acompañado de los cuervos, el ruiseñor, alabanza infinita de la rosa, la paloma que pregunta por el camino hacia el amado, y la cigüeña, su piadosa disposición: “Tuyo es el reino, tuyas las loas a Dios”, y el vocear de hojas, pétalos, la violeta en hondos azules, el narciso de ojos lánguidos, tulipanes, el enrulado jacinto.
Sí, lo múltiple, en nombre del que no tiene nombre, múltiple y uno, el que en eterna soledad era oculto tesoro, y procuró que lo conocieran y creó el mundo.
Sí, nacidos de él océanos, pájaros, flores, y para que con lo que dicen tejamos la tela que nos viste, bebamos el producto que destila lo que dicen.