Puertas adentro

Puertas adentro

Como Blake con el tigre, en tu gato no atiendes a uñas, lengua áspera, poblados pelos largos, estrías blancas, c lo que provocas desde confusa f hermandad, la pretensión de que en su vigor está el tuyo, y de acercarle elusivos discursos, soliloquios para un no favorable ni adverso ánimo, sin cooperar, sin airadamente estirarse indicando que apenas cerraste postigos, cortinas, él ya captó, tu agitar antipatías, infatuaciones, prontuarios de la menuda hojarasca que en la sagacidad animal pudiera disolverse, apremio por alguien que se mantiene atado a su especie, alcanzar el par donde apoyarte, tu correspondiente; como Blake y el tigre, Poe y el cuervo, Basho y la rana, recluyéndote a pedir el benjgno, consolador ajuste de tu aliento, fatigoso golpe, desazón, y la prescindencia del libre, que no juzga.