Ese hombre es igual a los dioses frente a frente sentado escuchando tu dulce voz y tu encantadora risa.
Eso es lo que provoca un tumulto en mi pecho. De sólo mirarte mi voz tiembla, mi lengua desfallece.
De inmediato, un ligero fuego corre por mis miembros; mis ojos enceguecen y mis oídos retumban.
Brota el sudor: un temblor me acosa. Empalidezco más que la hierba y a punto estoy de morir.
De “W.C.W. :Doce versiones”