Una manera de vivir

Una manera de vivir

Mendigas felices, huérfanas de suave fascinación derrotadas por el secreto de la sed y las hormigas a solas con el sol la ternura de los galopes a flor de tierra tan lejos de la atadura del polvo celeste extranjera derrotada por el fulgor de los relámpagos

Entonces nadie acallaba la melodía de tus labios que deslizaban su fiebre giratoria de plumaje de espumas cerca o lejos el espacio siempre oculta su escama de frío su desolada comarca donde los labradores hacen germinar la nieve de la tierra

Dura comarca en que las mujeres esperan como leyendas en los umbrales condenadas a cumplir el rito del fuego o de la extorsión inmóviles con sus ornamentos funerarios donde se abre la puerta del amor en una ciudad anclada en la tristeza

Faisán de la alabanza, tu corazón extraviado me guía en tus ojos asoma el prodigio de los relámpagos la cólera que cierra las puertas y rompe los hechizos en un camino de fábulas interminables, con la negra cabellera presidiendo el incendio de los gestos, el calculado delirio de las estaciones tan distante de los bosques enardecidos por el verano y su follaje moviéndose con lentitud de verdugo en la pesada atmósfera de los sacrilegios

Unidas en el asombro las hijas del verdugo exhiben sus pies de plata y los espectadores aplauden los perros husmean las mejillas en busca de los caminos mentales la naturaleza imita a la pesadumbre naturaleza oscura iluminada a ratos por los relámpagos de tu orgullo arrastrando briznas de escalofrío con tu violento eco en el aire, extranjera.