Columnas y fuentes eternas, chorros de escarcha y viva espuma, desde las siete montañas dejémoslas saltar, Las siete colinas de Roma.
Por resonantes arcos y bóvedas flanqueadas, dejemos las calles marchar triunfales; mandemos a los acueductos marchar por la llanura de abajo infatigables.
Elevados como columnas hacia el aire azul, dejemos a los Césares de mármol estar; dejemos a los dioses, que en vida eran romanos, una mano dorada levantar.
Muchos, pero cada uno solo, una multitud, aunque de romanos, atestan sus sepulcros; ellos mismos divinos fieles, dioses ante dioses suntuosamente inclinados;
los romanos se inclinaban ante figuras que ellos, escultores de la mente, liberaban; suplicando poder ser iguales que aquellos a quienes oran. Aldous Huxley, poesía completa (edición bilingüe), edición, traducción y notas de Jesús Isaías Gómez López, Cátedra (Letras Universales), Madrid, 2011 (732 páginas).