Aridez

Aridez

Si la aridez es la caída, la belleza está en ella. Habita entre tinieblas un lugar escondido y en lo profundo duerme como el oro en la ciénaga. Si la aridez engendra, monstruo de mil cabezas, la herida de lo hermoso, danzando sobre esta luz de pesadilla las palabras se ceban de despojos. Violetas empapadas del ayer. Residuos. Farsa quemante. Sé que aquí hay un rostro, en el agua estancada, está herido y me escucha, le toco y desaparece.

Flotan leños podridos en la charca.

De “Donde rompe la noche” Visor, 1994, Madrid