He visto la luz, su aullido blanco en la mañana,
la ternura de la noche revestida de fatuos centelleos,
he visto el mar con su rizada lengua
y la boscosa tarde a punto de enmudecer en un invierno embravecido.
He visto un jardín abriéndose a un desierto- el desierto era sólo la soledad del hombre. Y más. He visto la obra limpia: la llama y la belleza -refulgían las dos como un único fuego.
Fuego verbal para mi noche escrita.
De “Donde rompe la noche” Visor, 1994, Madrid