En el principio Dios creó el infierno. Y dijo luego hágase la luz y apuntaron los primeros rayos del sufrimiento. Separó en días sucesivos los cielos de la tierra, la tierra del océano, los cimientos que amorosamente prietos estaban en uno, y multiplicó la vida en los reinos del aire y sobre la tierra y bajo el crespo manto del océano en torturantes e infinitos cuerpos. Y viendo Dios aquel perfecto infierno sonrió y dijo: “Hagamos ahora un ser noble y bueno capaz de expresar el horror de este averno”. Y tomando en sus manos de supremo Arquitecto la arcilla más pura, hizo al hombre y sus sueños. Desde el odio de Dios crecía el universo.
De “Sueño en el fuego” Renacimiento, 1989, Sevilla