Se aproxima el sonido. El alma vuelve a ser joven Al someterse al susurro abrumador. En sueños, sin respirar, aprieto contra mis labios Tu mano pasajera.
Sueño que soy de nuevo un muchacho, otra vez un amante, Veo un barranco y hierbas silvestres. Y en esas hierbas un matorral espinoso En la neblina del atardecer.
A través de las flores, las hojas y las ramas espinosas La antigua casa mira en mi corazón El cielo otra vez atisba, sonrosando de un lado a otro, Tu ventana.
Esta voz es tuya y yo daría la vida y el dolor Por su sonido incomprensible, Aunque en el sueño yo apriete contra mis labios Tu amada mano pasajera.
2 de mayo de 1912
Versión de Jorge Bustamante García