¡Adiós mujer oriental amada! Poco faltó y contra mi extravagancia, el hábito que me dicta todo o nada casi me arrastra a las estepas, a la errancia detrás de las huellas de tu carreta. Tienes rasgados los ojos, la naricita rara, la frente amplia, no balbuceas en francés tus antojos, los pies no aprietas con seda, y junto al samovar, a la inglesa, no sirves el té, ni las galletas, no suspiras por poetas de moda, Shakespeare no te inquieta, no te abrumas de melancolía cuando la cabeza se queda vacía, no tarareas ma dov’ é, el baile último no conoces… Algo ocurrió conmigo, apenas media hora, mientras alistaban los caballos, la mente y el corazón los llenaba tu belleza agreste, tus ojos. ¿No es igual amigo mío: extraviar al alma, ociosa entre espejos brillantes, en un teatro que huir por la estepa, nómada? 1829
Versión de Rubén Flórez Arcila