Bajo el cielo de azul de su tierra nativa...

Bajo el cielo de azul de su tierra nativa…

Bajo el cielo azul de su tierra nativa languidecía ella, se agostaba…* Al fin se marchitó, y ya de seguro su joven sombra sobre mí volaba; Nos separa una línea infranqueable. En vano el sentimiento desperté. Su muerte oí de un labio indiferente y con indiferencia la escuché. ¡Y mi alma la amó con tanto fuego, con una turbación tan dolorosa, con tanto sufrimiento y extravío, con tortura tan tierna y angustiosa! ¿Qué se hicieron la pena y el cariño? Ni reproches me quedan ya ni llanto para rememorar su sombra crédula ni la dulce memoria de los días pasados.

*El poema se refiere a Arnalia Riznich, muerta en Italia en 1825 y destinataria de algunos de los más hermosos poemas pushkinianos. Versión de Eduardo Alonso Duengo