Fue en su patria, bajo aquel cielo azul...

Fue en su patria, bajo aquel cielo azul…

Fue en su patria, bajo aquel cielo azul ella, la marchita rosa… Al fin murió, un hálito eras tú, sombra adolescente que nadie toca; pero una línea hay entre nosotros, es un abismo. Intenté, en vano, avivar mi sentimiento: la muerte dijeron los labios con oscuro cinismo, y, yo la atendí indiferente. A quién amé entonces con alma fervorosa, a quién le di mi amor en vilo, con tanta infinita, amante tristeza, con callado martirio, con delirio. ¿Qué fue del amor y la pena? Ay en el alma mía para la ingenua, la pobre sombra, para el feliz recuerdo de los perdidos días, no tengo lágrimas, ni música que la nombra. 1826

Versión de Rubén Flórez Arcila