Planta tuya

Planta tuya

Tierra mía, florido campo en el que sepulto mi raíz, los ojos quedan en la copa, mirándote, y aún viven la ocasión más que el resto de la carne vegetal, o se inclinan con la espiga que el viento del amor amaga, y besan vibrátiles el muro de las sombras desde las que me surto de divina majestad. Tierra mía, acariciada tierra mía, gritante tierra húmeda, avariciosa de simiente, canta tu júbilo, derrama tus olores íntimos, al contacto con mi agudo aspirar, toda labios, toda grieta manante, pues adviertes que progresa mi condición hasta animal hombría, y sabes que te sé, campo de urgente roturación, llorando por mi savia de hoy. Enredaderas son los tallos ya, gestos concentrados, brazos, muslos que atenazan o rozan levemente con unción, esperando el cataclismo que nos habrá de sepultar en una profundísima falla. Suenan músicas, mas no se oyen. Se alzan las paredes del mundo, y no se ven. Se prueban todos los caminos, se afinan los violines recónditos, e irrumpe la añorada melodía infinita.