A su pregunta, yo sobre la piel veía los silencios cruzar el transparente origen del pecado. Quizá fue por la tarde o cierta madrugada, cuando el insomnio era escándalo antes y después, y al alma en sordo interrogar de prisionero urdía entre la sombra la varonil espera de la perduración.
De su mirar volaban retratos, somnolencias, un rostro femenino en lucha contra el tiempo: ala o peste que deja la ciudad e incendia calles y alcobas sin historia, propicias luego al súbito nacer de la amargura.
Noches de perversión derrámanse en sus ojos, materia luminosa de una mujer que en ellos perdura.