Deslumbramientos tardíos

Deslumbramientos tardíos

Esta mañana, el helado y marchito sol de enero hizo estragos en mis ojos. Por él, vi con más intensidad a esa gitanilla en manga corta que pedía junto al metro, tuve plena consciencia de lo arduo de nuestro amor, me horroricé al contemplar los ametralladores grabados de Goya, y salí de nuevo a la calle con las manos encogidas de angustia sin saber -pálida prisionera de los subterráneos- si me bajaba en Velásquez o en Lista. Y subí las escaleras de dos en dos para encontrar a la muerte cómodamente recostada en mi gélido cuarto.

(La playa del olvido, 1984)