Ernesto, moreno de luz y luna argentina, cigarrillo entre los dedos, sonrisa de ni ñ o en los naranjales del alba.
Ernesto, amigo fiel de espejos y cafés, padre confidencial con aire triste de gorrión, páramo de salina y dulce de leche.
Ernesto, aire de tocayo guerrillero, espuma que se desborda por la vida, costado tembloroso ajeno a ti mismo.
Ernesto, paloma que se ha roto una pata, plata sin cascabel, runruneo de pato deslizándose en el canalón… te quiero más que a él pero -perdona, compañero tan próximo-: no te amo