Este hombre que ahora cerca mi cuello con su sabia muralla de labios quizá abandone de pronto la almena, quizá desaparezca para siempre.
Porque tiene un tacto en la mirada que recuerda las plumas de los pájaros.
Esto va a venirse abajo…
Esto va a venirse abajo de un momento a otro y usted lo sabe. El amor ya no es un templo griego sino algo parecido a un desastre de líneas oblicuas que aprisionan todo intento de lluvia.
Y es gris. Tan gris como esta perspectiva de furias que se nos viene encima.