Esto va a venirse abajo de un momento a otro y usted lo sabe. El amor ya no es un templo griego sino algo parecido a un desastre de líneas oblicuas que aprisionan todo intento de lluvia.
Y es gris. Tan gris como esta perspectiva de furias que se nos viene encima.
Esto ya va mejor. Ya no le tengo miedo.
Y me complace que usted, como quien no quiere la cosa, haya fijado el barniz de sus ojos en mis piernas.