Presos los dos de aquel imposible decoro...

Presos los dos de aquel imposible decoro…

Presos los dos de aquel imposible decoro adolescente, ni yo me sonrojé ni usted tampoco hizo nada por llamarse al orden cuando después de las risas y las aceitunas rellenas, habiéndonos lubricado previamente el oído con una minuciosa lista de vicios sexuales, fuimos al amor como quien va al estanco de los primeros cigarrillos.