Señor, ahora que mi piel y la suya -después de las sábanas- han formado un nuevo «collage» en el agua, no es el mejor momento para hablarle, desde luego, pero aprovechando que estoy arriba y usted debajo, quisiera decirle -casi no me atrevo con sus ojos- que no puedo más, que voy a pararme.
-Era el placer como una de esas muñecas rusas que se abren y aparece otra, y otra…-