L'envoi

L’envoi

Las letras de tu nombre ya no se pueden leer, y pues no te puedo llamar aunque quisiese, déjame en tus labios tus soñares saber.

Quizás soñáis, amor, con el blanco avellano o con el ciervo que baja a beber a la ribera o con el mirlo que canta su ocio en el rosal.

¿O por soñar tú sueñas, amante piedra fría, en aquel corazón, tuyo, que era carne algún día y amor, ese enemigo, en llamas encendía? ¿Quién amores há, cómo dormirá? De “Dona do corpo delgado” 1950 Versión de Vicente Araguas