Ella se dedicaba a unir su soledad a las cosas.
-Los recovecos llovían su oscuridad alrededor de su talle pensativo, y había un miedo de manos abiertas bajo los ojos afilados de la medianoche.
Ella se dedicaba a repicar en los vidrios con su frente naciente.
La calle sospechaba el paso de aquel hombre asesinado en la otra esquina, mientras el silencio inventaba una pequeña canción de amor.
Ella olía al moho chispeante de los espejos hundidos y era el tiempo cabal de la emigración de las musarañas. * * * * *