Poema 4°

Poema 4°

En las ventanas de las cascadas se habían mudado los ojos distantes de los amaneceres.

Ella comenzaba a ponerse más para aquí de las manzanas conservadas en nieve fría.

Se veía el tornar del movimiento en las naturalezas muertas y la casa estaba toda llena de fragmentos de espejo para disimular la ceguera de la carne indecisa.

Él tenía ya una sonrisa meditativa y la luz era como un gran árbol colgado de su magín.

Esto era cuando ella decía palabras occipitales y después murió. * * * * *