En medio de su pecho los veleros habían armado una red tímida que tenía una voz llena de lámparas y eclipses y un párpado tejido por los vientos.
Ella seguía siendo universal y nítida.
Una garganta llena de distancias era la flauta que encantaba los ecos olvidados en el fondo de las corrientes marinas, penetradas de cauces desde las islas negras de sus ojos.
Ella estaba lejos de todo. Todo estaba al lado suyo. * * * * *