Era el tiempo.
Basta con decir que ella nacía en cada instante y nacía desnuda siempre y siempre tibia.
Basta con decir que eran las sombras y las antenas, que eran los pájaros y las violetas, que eran el abanico y las puntas de las estrellas.
Basta con decir que eran ella y su tiempo en accidente limpio y sombra exacta.
Él cabía vivo en cualquier sitio. De “Poemas do si e non” 1933 Versión de Vicente Araguas