El río del agua (fragmento)

El río del agua (fragmento)

Uno lejos del otro, ven el río. Los hechos se reavivan, senda de agua, al heredar el río que es destello del tiempo de vivir. ¿No lo recorre, no salva realidad como pedazos de limpia minería? Cuando quiero saber dónde se unen lo que nos hunde y lo que nos eleva; miro nocturnamente fluir el río, rotundidad que toca un ritmo leve de ráfagas oscuras, de mesura, de vida caudalosa y contenida. Se marcha siempre el río hacia la luz. Da miedo regresar al asidero que un día nos salvó, continuidad que tizna de dolor aún las manos. El río brilla indemne en sí, futuro, agua arrugada, inútil, que deshoja la presa porque ha llovido más de lo que necesitan las ciudades y es música que suena a controlada demolición del tiempo, del espacio para que lo distante pueda unirse y no estemos en un solo lugar. Música intacta, oscura entre la luz de medianoche, voz de mujer, melena por la risa o tiempo a escala; ríe una mujer como una soledad de isla visible en vuelo, isla ciudad con un preludio de herrajes sobre el verde del solar donde el balón se pierde ante unos niños y al fondo la ciudad de luz de almíbar, el murmullo flotante en la estación, el esquema de árboles enjutos del parque denso desde el pie del puente y luego poco a poco masa ocre, un punto desde el cuarto donde la gabardina cae mojada y se enciende una música o reenciende la misma imaginada al elegirla: metal de oscuridad, tensión del aire, más viva contra el cielo en esa altura donde sentir la redondez del mundo. Parece que descansan las estrellas. Escucho el disco y miro la ciudad. La luz estaba quieta y se ha marchado y se adentra la música en la noche como si nunca hubiera que morir. […]

De “El río de agua” Pre-Textos 2005