Diez Lieder

Diez Lieder

5. Desciendes por el río…

Desciendes por el río. La barca se abre paso entre los juncos. El golpe en la orilla anuncia el término del viaje. Bien es que recuerdes que allí esperé, vanamente, sin pausa ni sueño. Allí esperé, tiempo suspendido gastando su abolida materia. Inútil la espera, inútiles el viaje y el navío. Sólo existieron el áspero vacío, en la improbable vida que se nutre de la estéril materia de otros años. * * * * *

6. En alguna corte perdida…

En alguna corte perdida, tu nombre, tu cuerpo vasto y blanco entre dormidos guerreros. En alguna corte perdida, la red de tus sueños meciendo palmeras, barriendo terrazas, limpiando el cielo. En alguna corte perdida, el silencio de tu rostro antiguo. ¡Ay, dónde la corte! En cuál de las esquinas del tiempo, del precario tiempo que se me va dando inútil y ajeno. En alguna corte perdida tus palabras decidiendo, asombrando, cerniendo el destino de los mejores. En la noche de los bosques los zorros buscan tu rostro. En el cristal de las ventanas el vaho de su anhelo. Así mis sueños contra un presente más que imposible innecesario.


7. Giran, giran…

Giran, giran, los halcones y en el vasto cielo al aire de sus alas dan altura. Alzas el rostro, sigues su vuelo y en tu cuello nace un azul delta sin salida. ¡Ay, lejana! Ausente siempre. Gira, halcón, gira; lo que dure tu vuelo durará este sueño en otra vida.


8. Lied de la noche

La nuit vient sur un char conduit par le silence. La Fontaine

Y, de repente, llega la noche como un aceite de silencio y pena. A su corriente me rindo armado apenas con la precaria red de truncados recuerdos y nostalgias que siguen insistiendo en recobrar el perdido territorio de su reino. Como ebrios anzuelos giran en la noche nombres, quintas, ciertas esquinas y plazas, alcobas de la infancia, rostros del colegio, potreros, ríos y muchachas giran en vano en el fresco silencio de la noche y nadie acude a su reclamo. Quebrantado y vencido me rescatan los primeros ruidos del alba, cotidianos e insípidos como la rutina de los días que no serán ya la febril primavera que un día nos prometimos.


9. Lied marino

Vine a llamarte a los acantilados. Lancé tu nombre y sólo el mar me respondió desde la leche instantánea y voraz de sus espumas. Por el desorden recurrente de las aguas cruza tu nombre como un pez que se debate y huye hacia la vasta lejanía. Hacia un horizonte de menta y sombra, viaja tu nombre rodando por el mar del verano. Con la noche que llega regresan la soledad y su cortejo de sueños funerales.