Quiero escribir un poema que viva como un cuerpo, como un cuerpo tendido al sol como tu cuerpo desnudo tendido en el calor de un mediodía.
Quiero decir cómo traspira ese poema, cómo ofrece su piel a las caricias de la vida que pasa lentamente montada en una estela de reactor. Quiero indicar que late, que palpita, que tiene un corazón embovedado, resbaladizo y blando como gato pero fuerte también; en ocasiones suele cambiar incluso de postura. Lo que quiero aclarar es que el poema llega a sufrir calor, sudar, sentir la piel quemada, desperezarse al rato y dar la vuelta con la indolencia de la satisfacción. Ese poema, a veces, se incorpora, rojos sus miembros, llenos, castigados por la mano del dios que lo acaricia, alza su rostro, exhibe la poderosa y tierna geografía. Y, a veces, el poema da sus labios donde la sed se advierte como un río, abre los ojos llenos de campanas y se marcha hacia el borde de la arena y penetra en el agua y se refresca.
Quiero vivir un cuerpo que sea como un poema, como un poema escrito al sol como tu poema desnudo tendido en el calor de un mediodía. Quiero decir…