A Marga
Hoy como ayer nos vamos a la cama. Los rostros otros, el cuerpo habituado más maduro, inútil de saberse formalmente.
Todo transcurre bien. Yo sé de tu tardanza y de los juegos, tú de la rapidez y mi torpeza. Los dos nos aplicamos el contacto como sabia pareja de animales fecundos que conocen la muerte y la meditan… Los rincones ocultos, los suaves resortes permanecen en su dulce lugar, siempre a la espera de la repetición, del hábito, del rito de la civilizada suerte que los halle más allá del bien y del mal.
Todo transcurre bien cuando el placer como un disparo exacto nos alcanza.
Y el abrazo vencido atrás quedó como testigo mudo de la perfecta técnica empleada.
Nada es igual que ayer (tú bien lo sabes). Así será la vida que nos queda una templada cópula sin dolor y sin miedo, quizá… sin alegría.