Escrito al alba

Escrito al alba

Habrá estado esperando que la noche cumpliera su sentencia contra el tiempo, el terco maleficio que la habita y que a solas padece cada vez que en el sueño le despierta el temor y, después, la vigilia se establece imponiendo una extraña alianza de excepción y costumbre. Habrá intentado acaso explicar el porqué de aceptar sin ceder esa ciega amenaza que le cerca y, no obstante, él espera implacable. En la primera claridad tras la penumbra que agota de la noche el cauce oscuro, la realidad ordena en sus contornos la tregua en que apagar otra conciencia.

De “Una oculta razón” 1991

He llegado. Me acerco…

He llegado. Me acerco con cautela a la orilla y distingo en las aguas una suerte de antigua y fugaz transparencia. Queda al lado un desierto, un lugar retirado que una puerta franquea preservando el destino de los hombres que huyen. Una breve vereda que coronan cipreses nos conduce a la senda reiterada, a los pasos que se llegan a Yuste -el otoño dorado de la hiedra rojiza y el estanque en penumbra-, al jardín de Abadía -ruinas, mármol, canales, Lope, acantos y olivos-. Es difícil saber sobre qué edificamos la virtud. Qué lugares -evocados o vistos- nos contienen. Paredes, tapias, huertos, bancales, muros hechos de piedras colocadas siguiendo cumplimientos idénticos. Minuciosos remiten a un estado de cosas que se pierde. Enseñanzas de la edad sometidas a un complejo sistema en precario equilibrio. Su presencia anticipa la verdad de la historia. No es extraño volver, sorprendido, la vista y caer en la cuenta: somos agua, y aun piedra; árbol, río, retamas. Somos tierra. Hago mías las razones de Anteo.

Arrancada a la roca la ruindad de los huertos, empeñados en darle a las aguas su cauce, embalsando su fuerza en los largos estíos, aguardando la nieve transformada en torrente, afinando en la viga la bondad de los troncos, observando en las nubes la promesa de lluvia, ¿no cumplirnos un ciclo necesario e idéntico?

De “El reino oscuro” 1999