He llegado. Me acerco...

He llegado. Me acerco…

He llegado. Me acerco con cautela a la orilla y distingo en las aguas una suerte de antigua y fugaz transparencia. Queda al lado un desierto, un lugar retirado que una puerta franquea preservando el destino de los hombres que huyen. Una breve vereda que coronan cipreses nos conduce a la senda reiterada, a los pasos que se llegan a Yuste -el otoño dorado de la hiedra rojiza y el estanque en penumbra-, al jardín de Abadía -ruinas, mármol, canales, Lope, acantos y olivos-. Es difícil saber sobre qué edificamos la virtud. Qué lugares -evocados o vistos- nos contienen. Paredes, tapias, huertos, bancales, muros hechos de piedras colocadas siguiendo cumplimientos idénticos. Minuciosos remiten a un estado de cosas que se pierde. Enseñanzas de la edad sometidas a un complejo sistema en precario equilibrio. Su presencia anticipa la verdad de la historia. No es extraño volver, sorprendido, la vista y caer en la cuenta: somos agua, y aun piedra; árbol, río, retamas. Somos tierra. Hago mías las razones de Anteo.

Arrancada a la roca la ruindad de los huertos, empeñados en darle a las aguas su cauce, embalsando su fuerza en los largos estíos, aguardando la nieve transformada en torrente, afinando en la viga la bondad de los troncos, observando en las nubes la promesa de lluvia, ¿no cumplirnos un ciclo necesario e idéntico?

De “El reino oscuro” 1999

He temido el encuentro. Sí, supuse probado que esa ignota comarca encerraba secretos que eran míos de antiguo. Que su mito era fruto de una aciaga mentira. Sus leyendas tejieron una red de emboscadas. Cuando apenas conozco, hago mías las huellas de esos pasos que ahora asimila la sombra. Cada casa o iglesia, cada muro o sendero, participan del tránsito. Suspendidos proponen su ficción de promesas. Junto al río, sentado, al pasar de la noche, he entendido lo inútil de ofrecerles batalla. Paralelos discurren dos viajes. A un tiempo, retrocedo y avanzo. Peregrino a las fuentes y aun así permanezco. Voy de paso. ¿Hacia dónde? ¿ Qué remoto espejismo me depara el presente ? ¿Por qué yendo, regreso? Trazo círculos, lanzo -piedras planas al agua. En sus ondas intento apresar el que sea, para mí, convincente. Con paciencia, persisto. Fijo el pulso. Procedo. Son ensayos fallidos. Darán cuenta algún día de la vida de un hombre: solo, ajeno, consigo.