A Unica Zürn y Luisa Castro
Noche profunda de luna acuática y ballenas.
Escuchas cómo nutre a las piedras esta luz aturdida; el viento tiembla -tremor de lecho sobre el lomo del mar- entre sus lentas fauces otras voces rozan apenas tu pozo de ansiedad, leve murmullo.
Profunda luna de noche acuática y ballenas.
La claridad renace como una grieta en la penumbra, tal vez desciende del otro lado de unas manos abiertas para ti, la densa irrealidad que tibia ondea tu sueño más anónimo.
Y aún seguirás en la playa a la hora en que se duerman los albatros, predestinada a recoger eternamente la lujuria del agua y un laberinto de algas ascendiendo a tus sienes cuando toda la sed es muerte inaplazable.
Oyes tu desnudez, oyes nadar más lejos su imperio ensimismado -la luna está besando sus grandes ojos tristes- y susurras un nombre: “Moby Dick” con el agua en los labios, ahora que todavía sabe a sal su piel de luna
más profunda de noche acuática y ballenas.
De “Memorial de Amauta” 1988